Tras la resaca post R.Madrid-Barça del pasado sábado, llega el final de las vacaciones y, de nuevo, el breve "miedo escénico" de la vuelta al colegio. Una sensación que te dura lo que tardan los alumnos en entrar al aula y darte cuenta de que, tras once días, poco o nada va a cambiar en sus vidas, que los suspensos de Semana Santa no sirven de acicate para que algunos padres se tomen en serio la educación de sus hijos y de que, en definitiva, la suerte está echada.
Afortunadamente, tras unos instantes de desasosiego interno, decides que no, que esta vez se van a enterar, que todavía quedan unas semanas para salvarlos de su inminente futuro, que aún están a tiempo de encauzar su camino y te van a sorprender. Y sueñas que no tienes que llamar la atención a nadie, porque eres tan bueno que tu verborrea les mantiene pegados a la silla con los ojos y los oídos abiertos de par en par, que nadie se distraerá mirando por la ventana o "dejando caer" seis veces seguidas el lapicero al suelo. Y hasta es posible que ese sueño se cumpla hoy mismo.
Lo dicho, vuelta al cole, que no a la rutina, que siempre habrá algo nuevo que nos haga felices...
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